Zaragoza recuperará el lugar destinado a honrar la figura del mayor y más universal genio aragonés de todos los tiempos. Desde el próximo 9 de octubre, parte de la obra de Francisco de Goya y Lucientes volverá a ser expuesta en la capital del Ebro, tras dos años de trabajo en un museo que abre sus puertas a la modernidad y entrelaza los cuadros del pintor con la tecnología.
El Museo Goya ha experimentado una transformación integral, ejecutada con el objetivo de reacondicionar y ampliar un espacio que servirá para desarrollar una experiencia multisensorial a partir de la extensa colección de cuadros del artista en propiedad de Fundación Ibercaja.
La metamorfosis de la infraestructura puede apreciarse desde su entrada, orientada ahora hacia la Basílica del Pilar. En el nuevo acceso, ubicado en la calle Santiago, a escasos metros de la plaza más icónica de la ciudad, se levanta una majestuosa fachada constituida por un puzle de 126 piezas de piedra caliza de más de tres metros y 850 kilos, que, unidas, reflejan una composición con renombradas obras de Goya. Una parte exterior que revela el enfoque híbrido entre lo digital y lo artesanal con el que ha sido renovado el edificio mediante una imponente pantalla situada en su lateral, en la que se proyectarán imágenes y actividades.
«Quisimos hacer una gran puerta que reclamase la atención del visitante. La fachada se integra en la escala de la ciudad de forma educada, pero sin ocultar su intención de mostrarse como el envoltorio de un edificio singular», explica el arquitecto director del proyecto, Sergio Sebastián, de Sebastián Arquitectos, en un pase previo al que tuvo acceso EL MUNDO.
Al entrar, un pasillo con imágenes proyectadas en sus paredes sumergirá a los visitantes en la exposición, iniciada con varios tapices tejidos en lana y seda en los siglos XVI, XVII y XVIII.
Esa primera sala, ubicada tras la antigua entrada del edificio, abre la muestra de la colección permanente. Un conjunto de 32 obras realizadas por Goya entre su juventud y su retiro en Burdeos, sobre las que destacan la serie de Juegos de niños, los autorretratos o las representaciones de diferentes santos. A ellas se suma la totalidad de las cuatro grandes series de grabados: Los Caprichos, Los Desastres de la Guerra, La Tauromaquia y Los Disparates, que se exponen en varias dependencias completamente oscuras. Toda la iluminación se concentra sobre los dibujos de Goya.
A esta colección, desde el día de la inauguración, se unirá una exposición temporal que reunirá en Zaragoza obras de Goya repartidas por museos de todo el mundo. La muestra, comisariada por el arquitecto Luis Fernández-Galiano, se erige como el eje conceptual de esta nueva etapa y reunirá 41 cuadros dispuestos para reflejar las luces y sombras en la vida del pintor, así como su excelencia en arte del retrato.
Con esa premisa, el Museo acogerá obras como El albañil herido, traído desde el Prado; los retratos de Doña María Vicenta Barruso Valdés y su madre, Doña Leonora Antonia Valdés de Barruso, cedidos por una colección particular de Londres; o el cuadro de La duquesa de Alba de blanco, que pertenece a la Casa de Alba y tiene residencia en el Palacio de Liria. Son las piezas más destacadas de un conjunto en el que hay aportaciones llegadas desde Besanzón (Francia) hasta São Paulo (Brasil), Detroit, Baltimore y Oslo.
Junto a todas ellas, en el museo también se podrá disfrutar de decenas de cuadros de pintores que influyeron en la creación de Goya, así como de artistas que situaron la técnica del aragonés como el punto de partida para el desarrollo de sus obras.
Durante este recorrido por la historia de los siglos XVIII y XIX, el visitante traspasará rellanos, escaleras y pasillos en los que observará cómo las diferentes dependencias del edificio están conectadas de forma diagonal. Un guiño que el arquitecto ha querido hacer al enfoque que el propio Goya aplicaba sobre sus cuadros, en los que los elementos que componen los mismos se conectan desde la transversalidad.
El trayecto, siguiendo con la intención reflejada en la fachada, introduce la tecnología en cada una de sus fases. La innovación se pone al servicio de la muestra para elevar su percepción y permitir una interpretación más rica de las obras. Esta propuesta se ve coronada con la experiencia inmersivaGoya, el gran observador, donde se reivindica la figura del pintor como testigo privilegiado de los grandes acontecimientos de su tiempo e introduce al espectador en la sociedad de la España del siglo XIX a través de la representación en movimiento de varios de sus cuadros más reconocidos.
A esta sala, con paredes de dos plantas de altura que actúan como pantallas, se unen elementos interactivos que permiten comprender de forma completa los detalles del estilo goyesco: con indicaciones sobre las técnicas que el artista empleaba en la elaboración de sus grabados o muestras digitalizadas en superalta definición de sus cuadros para captar detalles imperceptibles a simple vista. Este apartado del Museo se completa con una sala de realidad virtual, en la que se eleva al visitante hacia las alturas para recorrer algunos de los conjuntos murales más importantes de Goya, como los frescos de la Basílica del Pilar.
Con la reinauguración del Museo Goya, Zaragoza experimentará uno de sus hitos culturales más importantes de los últimos tiempos, en un momento en el que la ciudad se prepara para convertirse en el centro de los actos organizados para conmemorar la figura del pintor en el bicentenario de su muerte. El proyecto representará una nueva puerta de entrada al universo goyesco desde la capital del Ebro, permitiendo a la sociedad aragonesa observar el mundo a través de la mirada del mayor de sus genios.