Si hay un jugador que haya conquistado esta temporada el corazón de los aficionados, más allá de Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, a quien se espera de vuelta en el Masters 1000 de Cincinnati, no es otro que Rafael Jódar. El español cuenta ya con el lógico respeto en el circuito después de su brillante irrupción entre los mayores dos años después de ganar el título júnior en el Abierto de Estados Unidos. No fue ajeno al fenómeno Jódar Taylor Fritz, un tenista contrastado que, a sus 28 años, se mueve como pocos en superficies como la de Washington.
Baste decir que seis de sus ya 11 títulos los ha logrado en pista dura y el resto de ellos sobre hierba. El estadounidense, tercer favorito, necesitó aplicarse para vencer por 7-6 (2) y 6-4 en una hora y 49 minutos. Nada resta a la incesante progresión de Jódar esta derrota en la que fue su primera final de un ATP 500, la primera también en pista rápida.
Después de mostrar su cualidades sobre tierra batida, llevándose en el ATP 250 de Marrakech su primer título la pasada primavera y disparando su rendimiento con semifinales en Barcelona y cuartos en Madrid, Roma y Roland Garros, donde solo el campeón, Alexander Zverev, pudo detenerle, Jódar mantiene el pulso a tres semanas del último grande del curso, que se disputará en Nueva York a partir del día 23.
Sin presión
El español, que a los 19 años se mueve por las pistas con la frescura de un recién llegado sobre quien no pesan aún grandes responsabilidades, aceptó el envite desde el comienzo. Levantó una pelota de rotura que podía haberle dejado en desventaja en el segundo juego y dialogó en el lenguaje de Fritz, un tipo seco y de pocas palabras que tiene en el servicio tal vez su mejor patrimonio.
Buen restador, en particular de revés, Jódar llegó al corazón del primer set con igualada a cuatro. Dudaba Fritz, menos certero de lo acostumbrado con el saque, expuesto a la réplica de un hombre que va a por los puntos sin dejar lugar a la especulación. Logró el norteamericano ir hasta el desempate, donde marcó distancias: un ace y cuatro saques ganadores, sumados a dos errores de su oponente, le dieron ventaja en el partido, al igual que sucedió a principios de año en octavos de Delray Beach, en el único cruce previo entre ambos, resuelto en favor de Fritz por 7-6 (4) y 6-4.
El desenlace del tie break tuvo un efecto revitalizador en el estadounidense, que empezó a sentirse dominador y puso más pimienta en cada uno de sus golpes. Así logró quebrar en el primer juego del segundo set y colocar a Jódar en una situación delicada. Fritz finalista del US Open y de la Copa Masters en 2024, se convirtió en un vendaval. Más afinado con el servicio, lo pegaba todo con profunidad y sentido, y tardó poco en situarse a tres juegos del título, con un doble break que adquirió carácter definitivo.
Recuperó uno de los saques Jódar y peleó hasta el último instante, con el susto de una caída en la que se dañó la muñeca izquierda. Recibió atención médica y se le aplicó un vendaje, mientras Fritz aguardaba, con 5-4 de cara, para resolver el encuentro con su servicio. Necesitó cinco bolas de partido para certificar el triunfo y salvó una pelota de 5-5 frente a la tenaz resistencia de un joven que hace un año era el 540º del mundo y llegará al Masters 1000 de Montreal entre los quince mejores.