Es imposible pensar en Dolly Parton sin que la mente nos lleve a ese voluminoso cardado rubísimo, esas uñas infinitas, ese timbre de voz imposible y esa silueta embutida en unos estrechísimos vaqueros. La madre del country se empeñó desde muy niña en construir la imagen que ella siempre quiso y que ha mantenido hasta sus últimos días. Con ella muere a los 80 años la gran voz femenina de un género que solo estaba reservado para hombres y que ella decidió asaltar por la fuerza. Con ella muere un icono musical y estético. Con ella muere una de las mayores leyendas que dio Tennessee. Y eso no es poco.
Cuentan que antes siquiera de que supiera a leer, Dolly Parton ya componía. Por simple y pura intución. Nacida en una familia de 12 hermanos, sin apenas recursos, en el pequeño pueblo de Sevierville, no necesitó ni la televisión ni el cine ni las revistas para comenzar a tejer en su cabeza una carrera que acabaría siendo inmensa. Lo hizo un día que acompañó a su madre a la ciudad. Allí vio una mujer con un enorme cardado, con labios rojos, bien maquillada y luciendo tacones a la que su madre le ordenó que no mirara y calificó de trash -basura en inglés-. "Yo pensé: 'Eso es lo que quiero ser cuando sea mayor: trash'", relató en varias ocasiones después, ya convertida en reina del country.
Desde hace meses, Parton se había visto obligada a posponer distintos compromisos, especialmente la residencia de seis conciertos que tenía planeada en Las Vegas como regreso a los escenarios, por unos problemas de salud. Ella misma los achacaba a que había dejado su propio bienestar a parte para cuidar a quien fuera su marido durante casi seis décadas, Carl Dean, que falleció en marzo de 2025. Este martes, poco más de un año después, ha muerto la más popular de las estrellas del country, según ha confirmado su familia a Reuters.
Con ese característico tono nasal y penetrante, Parton se convirtió en una estrella ya en la década de los 70 después de haber tocado en la calle y haber ido a probar suerte a Nashville. En 1972, llegó su gran éxito: Jolene, que fue número uno de las listas country desde el primer momento. Aquel ataque de celos hacia una cajera que tonteaba con su marido que aún es hoy la biblia para cualquier voz femenina que quiera triunfar. Ahí están los ejemplos de Miley Cyrus -amadrinada de Parton- o Beyoncé con sus propias versiones del clásico.
Poco después llegaría I Will Always Love You, que, según algunos rumores, la cantante escribió la misma noche que Jolene como contrapunto y que dos décadas después se convertiría en éxito mundial en la voz de Whitney Houston como banda sonora de El guardaespaldas. Pero la autora de ese clásico era aquella mujer blanca, rubia y que vestía siempre con estética vaqueras. Icónica es la portada del disco que incluía ambos temas: Parton sentada con las piernas cruzadas, con un peto a rayas y mirada tierna.
Parton cosechó 11 premios Grammy durante las seis décadas que dedicó a la música, escribió más de 3.000 canciones, se convirtió en una de las artistas femeninas más vendidas de todos los tiempos -superó los 100 millones de discos vendidos-, hizo que el country explota en fenómeno más allá de las fronteras de los Estados Unidos y nunca quiso asumir el rol de estrella que le correspondía pese a que en su estado natal le colocaron una estatua. Se dedicó a promover programas de alfabetización para niños en distintos países de habla inglesa, entregó becas a estudiantes de secundaria en el condado de Tennessee y entregó un millón de dólares para que Moderna desarrollara la vacuna del Covid.
En la década de los 80, como ya había hecho en el country, Parton asaltó Hollywood de la mano de Jane Fonda y Lily Tomlin, aquel trío de secretarias de Cómo eliminar a su jefe, firmó otras cuatro películas -especialmente Magnolias de acero- y profundizó aún más en la estética a la que se había entregado. Vestía monos ajustados con brillantes incrustados, vestidos de raso deslumbrantes, maquillaje abundante y, claro, el inconfundible cardado rubísimo. "Solo quería ser bonita, llamar la atención, ser colorida y que me vieran. Cuando dicen, 'Menos es más', yo pienso que es una tontería. Más es más. Soy llamativa y vistosa. Si no hubiera sido una niña, definitivamente habría sido una drag queen. Me gusta la extravagancia, amo todo ese brillo y color", reconocía en una entrevista con la edición estadounidense de la revista Elle.
Acabó presentando su propio programa en televisión, Dolly Variety Show; fue anfitriona y artista invitada en Saturday Night Live, y cuando le pidieron que empezar a rebajar su estilo se negó a hacerlo. Lo hizo aún más estridente, compró una peluca para cada día del año -eso contó ella misma- y se construyó un parque temático que lleva su nombre Dollywood y que visitan más de tres millones de personas al año para asistir a degustar comida tradicional de Tennessee y escuchar algunas actuaciones musicales locales -incluidas algunas de la propietaria-.
En los últimos años, Dolly Parton había ejercido además como mentora de mujeres que quisieron profundizar en la música country, entre ellas Ella Langley, uno de los grandes fenómenos actuales del género. Pero, sobre todo, fue la gran mentora de Miley Cyrus, ya desde su irrupción juvenil con Hannah Montana. Toda la carrera de la cantante está atravesada por quien siempre dijo ser su madrina y especialmente emotiva es la actuación conjunta de Jolene que compartieron en 2010 durante el 25 aniversario de Dollywood.
Ha muerto una estrella.