Contaba André Agassi que, tras ganar su primer Grand Slam, supo algo que a pocas personas en el mundo se les permite saber: las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal las derrotas. Es la misma relación que mantiene con el éxito Tadej Pogacar, su nombre desde este domingo en el Olimpo del ciclismo, en la misma mesa de los cinco Tours que Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain, el más joven de todos en conseguirlo. «No soy demasiado emocional, no lloro casi nunca», reconocía tras conquistar la mítica cima de Alpe d'Huez el sábado, el triunfo que ilustrará este hito. Y cierto es, pocas veces se dejó vencer en público por la emoción.
Lo logra el esloveno con una suficiencia que asombra. El quinto pareció el más sencillo. En el que más ventaja sacó a sus perseguidores -6:26 sobre Evenepoel, más que los 6:17 a Vingegaard de la reconquista de 2024-, en el que menos se apoyó en su debilitado equipo, el que sentenció apenas en la primera gran etapa de montaña (la pirenaica con meta en Gavarnie-Gèdre, tras su ataque en el Tourmalet), en el que incluso se permitió el lujo de trabajar para que su delfín Isaac del Toro le acompañara en el podio. Fue rey y gregario.
En el quinto siguió despedazando récords y saldando deudas. En el quinto dio la sensación permanente de hacer lo que quiso en cada momento, sin riesgos, con los alardes medidos, inmune a las caídas y hasta a la enfermedad de sus compañeros. «Ha sido, sin lugar a dudas, el Tour y la temporada en la que Pogacar ha demostrado más dominio con respecto a sus competidores», concluye Luis Ángel Maté, retirado hace dos años y presente en la Grande Boucle en cada etapa (trabaja en el Team Radio de la organización). El andaluz apunta una de las razones de esta «madurez» de Pogacar, de esta «plenitud física y mental»: «Una carrera deportiva se plantea a largo plazo, buscando una progresión anual y en ese sentido, Tadej, por lo que sé de cómo entrena, lo ha hecho así. No es un corredor como los actuales, no ha tenido una carga brutal de entrenamiento desde categorías inferiores. Como Seixas o Ayuso, que a edades tempranas ya han tenido un rendimiento. La clave es no centrarse en buscar el éxito inmediato, como está de moda ahora». «Sigue mejorando porque une más experiencia, el miedo de sus rivales y un equipo que sigue siendo igual o más fuerte. Y eso que ha estado mermado», apunta Mikel Zabala desde la Universidad de Granada, uno de los referentes en el mundo de la preparación física y las ciencias del deporte.
A simple vista, puede parecer que el Pogacar de 2026, camino de los 28 años, es el más perfecto de toda su carrera. Ha pulido cualquier mínimo defecto que le hizo 'humano' en el pasado a base de una combinación de ciencia, nutrición y tecnología. Que aplica a unos entrenamientos (Benidorm, Sierra Nevada y las carreteras de la Riviera Francesa son sus lugares preferidos) temidos hasta por sus compañeros. «Prefiero competir a entrenar con él», admitía Tim Wellens sobre la tortura en L'Equipe. Inmensamente superior a todos sus rivales en media y alta montaña (acumula 16 victorias en puertos del Tour, más que nadie: el siguiente es Lucien Van Impe con ocho...), en esfuerzos largos en solitario... Sólo Evenepoel, «uno de los mejores de la historia», le rinde en contrarreloj... y no por demasiado. Y pese a todo, el propio Pogacar no está seguro de que sea mejor que antes. «Este año no sentí que me estuviera volviendo mucho más fuerte desde 2024. Los números están ahí, pero tengo más experiencia: aún hay pequeñas cosas que mejorar». Más que a su condición física, el esloveno atribuyó la rotundidad de su triunfo a «afrontar las cosas de manera diferente».
En la intrahistoria del quinto hay un buen puñado de guiños a la historia. Empezando por cómo pulverizó el récord de Pantani en el Alpe d'Huez. También se convirtió en el segundo ciclista en cruzar el Tourmalet y el Alpe d'Huez en primera posición durante el mismo Tour: antes sólo lo había logrado Coppi. Acumula 26 victorias de etapa, con las cinco que atrapó esta vez (pudieron ser más: una le regaló a Del Toro), una menos que el 2024, pero se convirtió en el cuarto en los últimos 50 años en conseguir al menos cinco en dos ediciones distintas: como Maertens, Hinault y Cavendish. Pogacar ha vestido 70 días de amarillo en su carrera (90 lideratos en Grandes Vueltas). Solo dos pentacampeones del Tour lo han logrado más que él: Merckx e Hinault. Agotan los récords. Y la pregunta es hasta dónde puede llegar.
El sábado, tras abrochar el triunfo y festejarlo con Del Toro, pareció señalar a su gran compinche: «No voy a correr durante mucho más tiempo y él tiene un potencial y talento increíble para ser mi relevo». ¿Qué o quién mantendrá su hambre? «Seguir ganando y seguir disfrutando, porque ya ha avisado de que la motivación se va resintiendo. Si él mismo se ve flaquear... Él no lo dirá, pero en el mundillo está en mente de todos: alcanzar los siete de Armstrong. O seis para desmarcarse del club de los cinco», apunta Zabala. «Los récords están ahí y le quedan retos: Roubaix, la Vuelta, los Juegos... Quiere hacer historia. No es fácil mantener la motivación. Pero hay nuevos rivales que le van a apretar. Y no le auguro una larga carrera, es prácticamente imposible mantenerse a ese nivel», razona Maté.
Los rivales, las conquistas, la motivación, la constancia en la vida de sacrificios del ciclista de elite.... ¿Hasta cuándo Pogacar? «Me siento muy bien. Estoy muy fuerte. Voy a atacar». Eso confesó Indurain a su director Echávarri medio minuto antes de sufrir en Les Arcs el desfallecimiento de una vida, en el Tour de 1996. Parecía imposible que no lo lograra, pero nunca ganó el sexto. Se quedó donde antes se habían quedado los más grandes. Seis meses después se retiró.