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Spider-Man: Brand New Day: El agobio de ser un superhéroe con síndrome burnout (***)

Spider-Man: Brand New Day: El agobio de ser un superhéroe con síndrome burnout (***)

Con la nueva entrega de Spider-Man sucede algo parecido que con el viejo dilema (o solo confusión de mal estudiante) entre suficiente y necesario. Ante la frase "Si es cierto A, es cierto B" uno puede caer en el error de considerar que, al revés, si es cierto B entonces también es cierto A o que si no es cierto A entonces tampoco es cierto B. Y no. Queda más claro si se baja la pelota al suelo y se piensa en la frase "Si me mojo es que ha llovido" y se completan las variaciones pertinentes. Uno puede empaparse también con una manguera o el sudor que provoca una ola de calor. Todo no es más que una consecuencia de no tener claro que una condición necesaria es un requisito imprescindible para que suceda algo, pero que por si solo no lo garantiza. En cambio, una condición suficiente es aquella que su sola presencia trae consigo el resultado. De otro modo, en ocasiones, lo necesario no basta.

Digamos, por resumir y no alargar la introducción más de lo que ya lo han hecho los sucesivos renacimientos de Spider-Man en el cine, que la nueva entrega firmada por Destin Cretton es condición necesaria, pero, y llegan las malas noticias, no suficiente. De otro modo, afirmar que Spider-Man: Brand New Day es con holgura la mejor película del universo Marvel en mucho tiempo, que lo es, no basta para sacudirse de encima la sensación de estar en el mismo y cansino de todos los días. Es así.

A su favor, sin duda, la capacidad del nuevo director para insuflar energía, dinamismo y gracia a unas escenas de acción realmente espectaculares. Y no menos destacable es el esfuerzo de los actores (especialmente el de Zendaya) por colocar a sus personajes en otro lado a distancia al alboroto (o tortura) adolescente de los episodios precedentes. Todos, con Tom Holland a la cabeza, han crecido, hacen menos muecas (menos el amigo interpretado por Jacob Batalon), se han hecho dioses o semidioses de la mano de Christopher Nolan en la sala de al lado y bien está que así sea. En contra, el mal disimulado empeño de sustituir la originalidad (o simple novedad) por la confusión en un aturullado amontonamiento de argumentos (son muchos), personajes (son demasiados), tramas, subtramas y sonido atmos a lomos de una ampulosa y sobrecargada banda sonora. Por un momento, es inevitable llegar a la conclusión que las películas acumulan cada día que pasa más elementos sonoros y narrativos no por aquello de multiplicar el entretenimiento sino por sencillamente silenciar el ruido cada vez mayor de palomitas, gases liberados de refrescos, motores de asientos que se pliegan y despliegan, paseos al baño, melodías de móviles... Pero esto es otro asunto.

Spider-Man: Brand New Day coloca a nuestro héroe en el momento de quedarse solo. Primer síntoma de la edad adulta. Después de que el Doctor Strange formatease la memoria de todos sus amigos y su novia, él dedica la vida a salvar a la Humanidad a tiempo completo y sin pagas extras. El sueño de cualquier empresario español, vamos. Consecuencia: síndrome de burnout, depresión, cefaleas, estreñimiento y un impulso arácnido que le consume. Pero como sea que los problemas nunca vienen solos, una extraña entidad (Sadie Sink) parece estar poseyendo los cuerpos y mentes de la gente de la ciudad con el propósito de hacerse con lo que parece un secreto muy importante. Es entonces cuando Parker-Spider-Man deberá aprender a dosificar su tiempo, tomarse días libres, pedir ayuda, solictar la baja... Es decir, la pesadilla de cualquier empresario español. Y así, desde Hulk (Mark Ruffalo) a Black Widow (Florence Pugh en la aparición más divertida) pasando por el mismísimo Menelao en la piel de Punisher (Jon Bernthal) y algunos más expertos en artes marciales harán acto de presencia dispuestos a reformular el estatuto del trabajador superhéroe. Las horas extras se pagan.

Lo que sigue es a la vez acción, redención, superación y, finalmente, salvación. Es decir, Spider-Man recita su ideario con la voz más clara y alta de lo que lo hacía en muchísimo tiempo cualquier superhéroe, pero... ya nos lo sabíamos. Marvel, él mismo, padece síndrome de burnout. Todo lo que hace la nueva película de Spider-Man es en puridad tan sano como necesario, pero, nos pongamos como nos pongamos, no es suficiente. Es necesario que llueva para mojarse, pero hay otras muchas maneras mejores de empaparse y sin superhéroes palizas de por medio.

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Director: Destin Cretton. Intérpretes: Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Sadie Sink, Jon Bernthal. Duración: 144 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.


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