El Ejército de Israel capturó este domingo el histórico y estratégico castillo de Beaufort. Es la incursión terrestre más profunda de sus tropas en territorio libanés en más de un cuarto de siglo, pero también mucho más: la toma de esta fortaleza de la época de las Cruzadas no sólo marca una escalada mayor en la ofensiva de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) contra el grupo chií Hezbolá (cuando se supone que están en tregua), sino que afecta a un potente símbolo de las traumáticas guerras del pasado, a los dos lados de la frontera.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha calificado esta captura de este espacio de 900 años como un "hito crucial" y un "cambio radical" en la política militar de su país, que supera la crisis libanesa, incluso. "Hemos roto la barrera del miedo. Estamos tomando la iniciativa y operando en todos los frentes", declaró Netanyahu, vinculando la operación en el norte con las campañas en curso en Siria y la franja de Gaza (Palestina).
La fortaleza, conocida en árabe como Qalaat al-Shaquif (Castillo de la Roca), se alza a 710 metros sobre el nivel del mar en la cima de un acantilado rocoso que domina el desfiladero del río Litani. Desde su imponente posición, ofrece una vista panorámica que abarca vastas zonas del sur del Líbano y del norte de Israel, situándose a menos de 10 kilómetros de la ciudad libanesa de Nabatieh.
Un eco de la historia y el peso de la nostalgia
Para Israel, el regreso a Beaufort está cargado de un profundo simbolismo militar y emocional. El ministro de Defensa, Israel Katz, recordó la feroz batalla librada allí hace 44 años contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) al inicio de la Primera Guerra del Líbano en 1982. Katz destacó que la misma Brigada Golani, que tomó el control del bastión en aquel entonces, regresó este domingo para izar la bandera israelí sobre sus ruinas ecuestres.
Aquella ocupación original se prolongó hasta mayo del año 2000, cuando las tropas israelíes se retiraron apresuradamente de lo que denominaban su "franja de seguridad" y que es ocupación para los libaneses. Ahora, 26 años después de esa retirada, las FDI vuelven a pisar el mismo suelo.
Sin embargo, en el plano político interno de Israel, la nostalgia por Beaufort camufla interrogantes mucho más severos e incómodos sobre los verdaderos objetivos y los costos a largo plazo de reocupar el sur del Líbano, reviviendo el espectro de un conflicto de desgaste que atrapó al país durante casi dos décadas, como destaca esta mañana el analista Amos Harel en el diario Haaretz.
El valor patrimonial del sitio añade otra capa de complejidad internacional. Apenas en noviembre de 2024, el Comité de la Convención de La Haya de la UNESCO otorgó al castillo de Beaufort un estatus de "protección reforzada provisional", clasificándolo como un bien cultural de gran importancia para la humanidad bajo la promesa del gobierno libanés de que jamás sería utilizado con fines militares.
Reacciones internacionales y crisis humanitaria
La maniobra de las fuerzas terrestres israelíes, que avanzan ahora decididamente más allá de la línea de demarcación del río Litani y apuntan hacia el río Zahrani, provocó una enérgica condena de las potencias europeas.
Francia, que mantiene históricos lazos diplomáticos y culturales con el Líbano, solicitó formalmente una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Será hoy mismo. El presidente francés, Emmanuel Macron, escribió en sus redes sociales que "es urgente que las armas callen, todas ellas, y para siempre", advirtiendo que "nada justifica la gran escalada en curso".
Por su parte, la ministra de Asuntos Exteriores británica, Yvette Cooper, y el ministro alemán, Johann Wadephul, expresaron su profunda preocupación por el recrudecimiento de los combates, señalando que la destrucción de infraestructura erosiona cualquier espacio para la diplomacia y augura nuevas olas de desplazamiento forzado.
Desde Beirut, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, acusó en un discurso televisado a Israel de implementar una "política de tierra quemada y castigo colectivo". El Ministerio de Salud libanés reportó que la campaña aérea y terrestre ha dejado más de 3.300 muertos en el país desde que las hostilidades abiertas estallaron el pasado 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó una masiva andanada de cohetes en represalia por un ataque israelí que cobró la vida del líder supremo de Irán, Alí Jamenei.
Las FDI, por su parte, emitieron nuevas órdenes de evacuación masiva para todo el territorio libanés ubicado por debajo del río Zahrani, advirtiendo a los civiles que cualquier persona que permanezca cerca de instalaciones o combatientes de Hizbulá pone en peligro inminente su vida.
¿Sirve en la guerra moderna?
El debate entre los estrategas militares se centra en si la captura de Beaufort otorga una ventaja real en la era de los drones y la guerra tecnológica, o si es una victoria puramente psicológica.
Analistas militares árabes e internacionales coinciden en que la posición geográfica del castillo sigue siendo valiosa para vigilar los flujos de movimiento entre los ríos del sur y contrarrestar las incursiones de drones de Hezbolá. Algunos expertos libaneses sugieren incluso que la pérdida del control de la colina representa un duro revés para la milicia chií, abriendo la puerta a una nueva fase militar que podría amenazar directamente los suburbios del sur de Beirut.
No obstante, voces críticas argumentan que Israel exagera el impacto táctico de la operación. En la actualidad, Beaufort carecía de fortificaciones modernas, sistemas de defensa antiaérea o centros de mando blindados. Expertos señalan que Hizbulá ha reemplazado hace tiempo la doctrina de defender colinas expuestas por tácticas de ocultamiento asimétrico, valiéndose de una densa e intrincada red de túneles subterráneos, indica la BBC.
Mientras las delegaciones oficiales de los gobiernos de Israel y el Líbano se preparan para viajar a Washington esta semana con el fin de entablar una cuarta ronda de negociaciones -un esfuerzo por rescatar un acuerdo de alto el fuego temporal que ya se encuentra virtualmente en harapos-, el ejército libanés y las instituciones del Estado asisten como meros espectadores de una guerra que se libra en su propio suelo, coronada hoy por el izado de una bandera extranjera en las almenas de su fortaleza más célebre.