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Trueno, el rap que nace de las entrañas de La Boca: "Intenté ser boxeador y futbolista, pero el arte me agarró las patas y me dijo 'vos sos mío'"

Trueno, el rap que nace de las entrañas de La Boca: "Intenté ser boxeador y futbolista, pero el arte me agarró las patas y me dijo 'vos sos mío'"

El pasado 25 de marzo, el día que cumplía 24 años, Trueno (Buenos Aires, 2002) estaba sobre un escenario de Leeds para dar paso a Gorillaz y para compartir escenario con la banda de Damon Albarn en su tema conjunto, The Manifesto. Cuando esto aparece en la conversación, Mateo Palacios, el nombre real bajo el rapero argentino, esboza una risilla al otro lado de la pantalla, entre el orgullo y la vergüenza. Tan barrial el primero como la segunda.

«Yo nunca pensé en ser famoso ni conocido. Y lo digo en sentido positivo, nunca pensé que esto iba a tomar esta magnitud. Yo estaba convencido de ser rapero, de competir y de tocar en lugares para 1.000 personas, pero fui contemporáneo de una masividad de las batallas de freestyle que llegó a la música y a los álbumes y fui creciendo con ello», detalla este bonaerense, nacido, criado y forjado en el barrio de La Boca, dentro de una familia vinculada al arte.

Su padre es el rapero underground Pedro Peligro. Su madre, la actriz de teatro y música Juliana Corazzina. Su abuelo paterno, Yamandú Palacios, fue un cantautor y folklorista uruguayo exiliado en los 70 a Argentina. Su abuelo materno cantaba chamamé. Una de sus tías tocaba el bajo. Y él, freestyler casi desde la cuna, acabó siendo estrella urbana. «Yo soy pura pura tradición familiar. Toda mi familia está dedicada al arte así que siempre lo tuve ahí. Yo intenté mil cosas, intenté ser boxeador y futbolista, pero el arte me agarró de las patas y me dijo 'vos sos mío'. No tuve más opción».

Su último disco, Turr4zo, ahonda precisamente en esa herencia familiar y en todas las demás. Turro es uno de los términos despectivos que se usaba en Argentina para definir a los chavales de barrios humildes y que ahora han reivindicado los artistas que han salido de esos barrios. Como Trueno, que conoció la música en las calles de La Boca para acabar sacándola al mundo como una de las últimas apariciones de la incansable escena urbana argentina. Este martes, 13 de octubre, llega al Palau Sant Jordi de Barcelona y luego hará paradas en el Estadio Tasagaya, en el municipio tinerfeño de Arona (16 de octubre), y en el Movistar Arena, en Madrid (21 de octubre).

«Cada año salen siete nuevos y es una locura porque cada vez son mejores. Lo que más me gusta de eso es que cada generación sale aprendiendo una cosa. Los que venimos del freestyle, como podemos ser Duki y yo, aprendimos unas cosas y los que vienen de otros sitios traen otras cosas y aprenden un poco de nosotros. Así va evolucionando. Argentina es un país con mucha hambre, somos muchos pibes los que tenemos ganas de proponer algo nuevo. Este país tiene mucha historia y yo estoy influenciado por ella».

De hecho, en su disco hay samples de dos gigantes en Argentina como Spinetta O Carlos Gardel y temas con Calamaro, Pity Álvarez o Rubén Rada. Música que ha cantado todo su país y de todos los géneros.
Eso está buenísimo porque siento que antes todo era de nicho. La gente del rock no se juntaba con la gente del rap, la de la cumbia no se juntaba con la del folklore. Hoy en día eso maduró y hay un pensamiento más general de la escena artística.Yo estoy muy contento de haber crecido en una época archimegaunderground donde nadie nos quería ni mirar y de que hoy estemos presentes en los premios y en la vida de la gente. El artista favorito de muchos niños es un rapero, pero yo siempre me sentí también muy abrazado por el rock and roll, por el candombe y por el folklore. La música debe ser ese lugar donde no te miran como un bicho raro, donde no hay prejuicios. Por eso yo respeto a Calamaro, Pity, Rubén Rada... y colaboro con ellos.
Tengo la sensación de que en esa escena argentina, aún hay algo más de rebelión que en otros países de su entorno y que la irrupción de su género urbano es un grito de la gente de los barrios humildes para reivindicar que tiene algo que decir.
Nuestra música se escucha más que nunca y ha pasado esa etapa de intentar ser algo que no somos. Eso es un orgullo, nos hemos quitado un complejo y es muy positivo que reivindiquemos nuestra tierra. Yo vengo de hacerle un homenaje al hip-hop en El último baile y me agarró el pensamiento de cómo podía argentinizarlo y volverlo nativo. Imagino que en España pasa con figuras como Camarón de la Isla. Yo hablé con mis productores para ver cómo lo podíamos hacer con los gurús que tenemos acá en la Argentina. Yo vengo de un barrio muy argentino, donde predomina el tango, el fútbol, las cantinas, el comer en la calle, toda la idiosincrasia argentina antigua.
Como dice el título de su disco, es un turrazo.
Sigo siendo 100% turrazo, es algo muy importante para mí y creo que es el mensaje correcto. Yo quiero sacarle el lado lindo a ser un turrazo. Uno elige de qué manera dice esa palabra y también de qué manera la representa. En el hip-hop siempre estuvo ese discurso de la ostentación, de la plata, de las armas y de la delincuencia. Para mí, el barrio es todo lo contrario, representa otros valores que son los que yo tomé. Lo que yo aprendí allí me lo voy a llevar a la tumba.
¿Qué valores son esos que ha aprendido?
Para mí, el hip-hop no es un homenaje a todo eso que decía, es una herramienta de transformación social y una soga para poder salir de esos lugares. Lo que a mí me interesa es el mensaje de amor, de respeto, de diversión, de ser autodidacta y emprendedor. Lo lindo de ser de barrio y de clase obrera es aprender a vivir con humildad, tener unos valores y también humildad. Si lo piensas, la mayoría de gente talentosa, futbolistas y artistas, son de clase obrera. Porque eso te hace nacer con hambre para desarrollar tu talento.

Le escuché una vez contar que, siendo argentino, de La Boca, tenía aún más sentido percutir en esos valores. ¿Por qué?
Más que nada por representar una realidad social. A mí me tocó vivir con un mensaje de la resiliencia positiva. Mi abuelo de Uruguay fue exiliado político y mi abuelo de acá también. Mi padre estuvo siempre cantando a favor del bienestar de mi barrio, de La Boca y yo me quedé con eso. Este es un país con muchas subidas y bajadas, con cambios sociales en la gente. Esa gente puso el oído en mí y les doy el mensaje que siento que les tengo que dar. Hay mucha música que da otro tipo de mensaje y yo también la escucho.
¿Quiere ser un ejemplo para los chavales como un día fue usted y que no saben qué hacer en su vida?
Yo me crié viendo a mi padre dar clase en los conventillos, en los terrenos baldíos y en las plazas para la gente. Te pones a dimensionar cuántas vidas habrá cambiado y son un montón. Yo fui un alumno más suyo y ahora que tengo esta enorme audiencia me parece importante seguir con su legado. Quiero ser un referente para los pibes de La Boca, que no sientan que su única salida sea jugar en Boca Juniors. Que vean que un pibe agarrando el micrófono, siendo disciplinado y portándose bien puede salir adelante. Un montón de gente tiene un mensaje superconsciente y tú eliges si quieres eso o un mensaje superbanal. Yo me crié con el rap protesta de mi viejo y con artistas como Kase.O, Canserbero o Original Juan. El rap que yo escuchaba no era para chistear, cada rapero que escuchaba te hacía pensar en lo que decía.
Habiendo crecido en ese ambiente y con su padre de referente, ¿por qué ha renunciado a la música y al activismo político de sus antecesores?
Porque siento que en lo social ya influye lo político y que el arte es una herramienta de cambio que viene más desde lo moral que desde lo político. Mi posición es la de la gente con la que yo me crié y lo único que busco es el bien común. Yo me he pronunciado sobre mis gustos y mis disgustos políticos, pero creo que siempre hay cosas que están bien y otras que están mal. Tampoco me cohíbo a la hora de elegir un momento para hablar. Cuando siento que tengo que decir algo, lo digo. Mantener el orgullo de tu barrio es una misión, a mí me costó una vida salir de La Boca.
¿Por miedo a que esos valores se perdieran entre todo el éxito que iba cosechando?
Yo no iba ni siquiera al centro de Buenos Aires, al Obelisco, toda mi vida era La Boca. Todo lo demás me era muy lejano. Pero la misión, como le pasa a un jugador de fútbol, es que te fiche el mejor equipo, estar lejos de casa y llevar tu barrio a esos lugares. Pero si puedo ir al barrio a sumar un grano de arena, a ayudar en un comedor, a hacer un evento gratis para que me vean los pibitos, que no duden que ahí estaré. Yo entendí que podía tomar otro papel por mi barrio más allá de estar tomando mate en la plaza. Y es representarlo y ser recordado de otra manera. Pensé mucho en si iba a cambiar mi forma de ser, pero los valores inculcados que nunca se pierden, ¿no?
Supongo que depende de la persona.
Yo siento que tengo la posibilidad de hacer ciertos movimientos para mejorar esto un poco.
Con 24 años es una estrella internacional, ha colaborado con Gorillaz, con Bad Gyal, con Feid o con J Balvin, está recorriendo el mundo con su música... ¿Qué echa en falta?
Me vengo preguntando eso hace un montón de tiempo. Mi vida con seis años era ganar la batalla de Red Bull y ya. Era lo único que me había planteado, lo demás fue impensado. Nunca creí que iba a hacer un Movistar Arena en Madrid ni que iba a tocar con Gorillaz. Eso me enseña que si sigo laburando y siendo disciplinado, me aparecerán este tipo de cosas. Esto supera mis expectativas, pero seguiré aprendiendo.

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