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Zelenski lo echó de Defensa y ahora le pide elecciones: por qué es tan importante el desafío de Mykhailo Fedorov

Zelenski lo echó de Defensa y ahora le pide elecciones: por qué es tan importante el desafío de Mykhailo Fedorov

Es el desafío político interno más directo y de mayor calado contra el presidente Volodímir Zelenski desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala, en febrero de 2022: el recientemente destituido ministro de Defensa de Ucrania, Mykhailo Fedorov, ha pedido públicamente la celebración de elecciones presidenciales en tiempos de guerra.

Fedorov, un dirigente de 35 años que hasta hace pocas semanas era una de las figuras más populares y respetadas del gabinete ucraniano, lanzó su contundente llamamiento a través de un mensaje en vídeo, apenas nueve minutos difundidos en sus canales oficiales que han sacudido al país y han reavivando un debate que hasta ahora se consideraba un tabú político en una nación inmersa en una lucha existencial por su supervivencia. Cómo va a haber elecciones, dice Zelenski, en plena contienda. 

Vestido de negro y envuelto en una luz sacada de una película es espías o de conspiraciones, señala en un tono solemne: "No debemos permitir que Rusia decida cuándo pueden los ucranianos elegir su Gobierno. La democracia no puede ser rehén de Rusia. Luchamos precisamente porque queremos seguir siendo un Estado europeo libre".

La intervención del exministro llega en un momento de notable sensibilidad política en Kiev. Aunque evitó mencionar directamente a Zelenski por su nombre, las palabras de Fedorov fueron interpretadas por analistas y observadores como una crítica frontal a la gestión del mandatario y a la concentración de poder en la oficina presidencial.

Un mensaje que sacude los cimientos políticos de Kiev

En su discurso, Fedorov no sólo defendió la viabilidad técnica y moral de organizar una votación nacional en medio de las hostilidades, sino que cuestionó con dureza el funcionamiento interno del aparato estatal, apuntando a la parálisis en las reformas institucionales y a la falta de transparencia en la toma de decisiones. Una enmienda a la totalidad, casi. "La gente no puede vivir indefinidamente en un Estado donde no comprende por qué se toman ciertas decisiones, por qué algunas reformas avanzan mientras que otras se bloquean", argumentó el político. 

El exministro fue más allá al denunciar lo que describió como una cultura de favoritismo político dentro de la administración pública, una advertencia especialmente sensible en un país que recibe decenas de miles de millones de dólares en ayuda militar y financiera internacional sujeta a estrictos estándares de gobernanza. "Es particularmente peligroso -expone- cuando la sociedad desarrolla la sensación de que el criterio principal para un nombramiento no es el profesionalismo, los resultados o la capacidad de transformar el país, sino la lealtad personal al sistema".

Las declaraciones de Fedorov, ampliamente recogidas por medios internacionales (esta mañana era apertura en la BBC y la CNN, sin ir más lejos), representan una ruptura sin precedentes con el consenso de unidad nacional que ha imperado en la cúpula política ucraniana desde el inicio de la agresión rusa.

El niño prodigio

Para entender el impacto de estas declaraciones es necesario comprender la trayectoria de Mykhailo Fedorov, considerado durante años el niño prodigio (nació en 1991) del gabinete de Zelenski. Fedorov asumió en 2019 la dirección del recién creado Ministerio de Transformación Digital, convirtiéndose en el ministro más joven en la historia de su nación. Desde esa posición, transformó radicalmente la Administración pública mediante la aplicación móvil Diia, que digitalizó desde documentos de identidad hasta el pago de impuestos.

Tras la invasión de 2022, su departamento fue el artífice del denominado "Ejército de Drones", un programa público-privado que ha impulsado el desarrollo y despliegue masivo de aeronaves no tripuladas en la línea del frente, cambiando las tácticas de combate modernas. Ha sido esencial en la defensa y el ataque del país, desde que comenzó la "operación militar especial", como el presidente ruso, Vladimir Putin, llama a la ocupación, e incluso esos avances han permitido a Kiev tener una baza con la que negociar con paíse occidentales: piden ayuda a cambio de compartir su tecnología. En la reciente crisis de Irán, países del golfo Pérsico que se han visto afectados por los lanzamientos de Teherán también han cerrado contratos con Ucrania para que los ayude con aviones no tripulados y forme a su gente. Todo un éxito. 

El prestigio de Fedorov como tecnócrata eficaz y pragmático llevó a Zelenski a confiarle la cartera de Defensa a principios de este año. Sin embargo, su paso por la cartera ha sido breve y convulso. Su intento de reformar los métodos de mando tradicionales provocó un agudo enfrentamiento con el comandante de las Fuerzas Armadas, el general Oleksandr Syrskyi.

El desenlace de esa pelea fue abrupto: a finales de julio, Zelenski decidió prescindir de Fedorov en una remodelación ministerial. El relato fue de refresco general, pero eso no ocultaba el calado de la decisión defensiva, cuando se camina hacia los cinco años de guerra. La decisión generó, entonces, una indignación inusual, que se tradujo en manifestaciones nocturnas en la plaza situada bajo la oficina presidencial en Kiev, donde cientos de ciudadanos corearon su nombre. ¿Un nuevo líder?

Aunque las fricciones provocaron posteriormente la salida del general Syrskyi, Fedorov no fue restituido en su puesto. Ayer mismo, en una señal clara de pasar página, Zelenski nominó formalmente a Yevhen Khmara, general de división y antiguo alto mando del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), como ministro de Defensa permanente, candidatura que quedó pendiente de ratificación parlamentaria.

El laberinto legal electoral

La propuesta de convocar comicios sitúa a Ucrania frente a un complejo laberinto constitucional y legal. Desde la invasión rusa de febrero de 2022, el país se encuentra bajo régimen de ley marcial, un marco jurídico renovado periódicamente por el Parlamento que prohíbe expresamente la celebración de elecciones presidenciales, legislativas o locales.

El mandato constitucional de cinco años de Volodímir Zelenski, elegido por abrumadora mayoría en 2019 sin experiencia política previa (era actor cómico), expiró formalmente en mayo de 2024. No obstante, bajo la doctrina jurídica ucraniana y el principio de continuidad del poder, el presidente permanece en funciones de manera legítima hasta que se pueda celebrar un nuevo proceso electoral una vez levantado el estado de excepción.

Hasta ahora, la inmensa mayoría de las fuerzas parlamentarias y de la sociedad civil habían respaldado esta prórroga, argumentando que abrir una campaña electoral fracturaría la cohesión nacional y beneficiaría los intereses del Kremlin.

Más allá de los impedimentos legales, organizar una cita con las urnas en el contexto actual presenta desafíos de seguridad y logística prácticamente insuperables. El mayor, sin duda, es el voto de los combatientes: ¿cómo ejercerlo estando movilizado? Se calcula que más de un millón de efectivos están enrolados ahora mismo en las Fuerzas Armadas, desplegados a lo largo de más de 1.000 kilómetros de línea de frente activa en trincheras y posiciones bajo fuego constante de artillería. A ello se suma la diáspora y los desplazados internos, ya que cerca de seis millones de ucranianos viven refugiados en países europeos y varios millones más han abandonado sus hogares para instalarse en zonas relativamente más seguras del centro y oeste del país.

La amenaza de bombardeos sobre colegios electorales es otro de los argumentos que esgrime Zelenski para no ir a las urnas, ya que la concentración de ciudadanos en centros de votación representaría un blanco prioritario para los ataques rusos con misiles hipersónicos y drones de largo alcance. Rusia podría lograr una verdadera carnicería. 

Y hay otro gran problema de fondo: la ocupación. Se calcula que aproximadamente el 20% del país está en manos de la Federación Rusa, territorio reconocido internacionalmente como de Ucrania. Millones de residentes se verían privados de de cualquier garantía de sufragio libre si se convocaran elecciones. 

El analista político ucraniano Artem Bronzhukov subraya en The Guardian estas dificultades: "Hoy no existe una comprensión clara de cómo garantizar la seguridad de las personas en el contexto de una guerra a gran escala. Existe una visión profundamente arraigada en la sociedad ucraniana de que las elecciones son necesarias, pero solo una vez que concluya la fase activa de la guerra".

Las encuestas

Pese a los riesgos, el debate encuentra terreno fértil en un clima de creciente desgaste social tras más de cuatro años de conflicto ininterrumpido. Sondeos recientes elaborados, por ejemplo, por el Centro Socis de Investigación Social revelan un panorama electoral mucho más competitivo y fragmentado que en los primeros años de la invasión: en una primera vuelta presidencial, Zelenski lograría un 22,3% de los sufragios, seguido de Valerii Zaluzhnyi (excomandante en jefe y actual embajador en el Reino Unido), con un 21,4%, y Mykhailo Fedorov, con el 13,1%.

Los mismos estudios sugieren que, en una eventual segunda vuelta, tanto Zaluzhnyi como Fedorov podrían imponerse sobre Zelenski, lo que evidencia el desgaste natural de la figura presidencial y el surgimiento de liderazgos alternativos forjados durante el esfuerzo bélico.

El emplazamiento de Fedorov resuena también fuera de las fronteras ucranianas. En Estados Unidos y en diversas capitales europeas, sectores conservadores y aliados estratégicos han insinuado periódicamente la conveniencia de renovar el mandato democrático en Kiev para disipar cualquier cuestionamiento sobre la legitimidad del gobierno en futuras negociaciones de paz. 

Al posicionarse como el adalid de la continuidad democrática frente a la inercia del estado de excepción, Fedorov ha colocado al Gobierno ucraniano ante una disyuntiva estratégica fundamental: cómo preservar la pureza de sus instituciones democráticas sin comprometer la defensa militar de su propia soberanía territorial.

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